Perspectivas sobre el método cuáquero de tomar decisiones en la iglesiad (continuación)
La sesión de acuerdos cuáquera
por George
A. Selleck
[4]
El método
La forma cuáquera de llevar
a cabo las sesiones de acuerdos tiene una importancia primordial
para la existencia de la Sociedad de los Amigos. Durante
más de trescientos años se ha mantenido esencialmente
sin cambios. Este
método expresa la forma cuáquera de vida y de trabajo,
creando y preservando el sentido de hermandad en la comunidad cuáquera.
Los Amigos generalmente han dicho
poco sobre su método; han preferido practicarlo más
que explicarlo. Sin embargo, de vez en cuando es preferible
tener en cuenta los principios de nuestro proceso cuáquero.
Fundamentalmente, el método
es el siguiente: al igual que en el culto, la base de la sesión
de acuerdos es la espera confiada en la dirección del Espíritu
Santo. Después de un tiempo de adoración, el presidente
trae ante los reunidos los asuntos que se deben considerar en esa
ocasión. Se dedica tiempo suficiente para tratarlos
con cuidado y prudencia, escuchando a todos los miembros presentes
que se sientan llamados a hablar. Cuando el presidente estima
que la junta ha llegado a una decisión, él (o ella)
expone claramente lo que le parece el sentir de la junta. Si
los miembros aprueban lo declarado por el presidente, se escribe
una minuta que incorpora tal decisión, y que se lee
antes de terminar la sesión. No se vota. La mayoría no toma ninguna decisión que
domine el parecer minoritario. Se
toman decisiones sólo cuando el grupo puede seguir adelante
con considerable unidad. Si el presidente nota que el grupo se
enfrasca en discusiones infructuosas, puede requerir un tiempo
de espera en silencio, o puede posponer el asunto.
Puesto que este método difiere
de lo generalmente aceptado en la vida secular, analicemos a continuación
varios de sus aspectos característicos.
¿Por cuál autoridad?
Cuando empezó el movimiento
cuáquero en el siglo XVII, algunos se oponían a que
se organizaran sesiones de acuerdos. Objetaban que cualquier estructura
limitaría indebidamente la dirección divina del individuo. Pero
el nuevo movimiento cuáquero tenía fe en que el grupo,
al igual que el individuo, era capaz de recibir tal dirección.
Los cuáqueros están
convencidos de que la Luz de Cristo se le da a cada persona en
alguna medida. Esta convicción implica que la
voluntad de Dios se puede discernir tanto a través
de lo recibido por otros como por medio de lo recibido individualmente. Siempre ha habido dentro del cuaquerismo una poderosa fuerza
centrífuga de individualismo; pero, en contraposición,
siempre ha estado en vigor la fuerza centrípeta de
la vida corporativa. Las decisiones de la Sociedad de los Amigos surgen de la interrelación
fructífera de estas diversas fuerzas. Las visiones y las inquietudes espirituales de los individuos
no permiten que la Sociedad sea muy tradicionalista ni estancada;
por otra parte, el conjunto de las percepciones del grupo reunido
impide la precipitación por fervores no debidamente reflexionados
.
El método cuáquero
tiene más posibilidades de éxito cuanto más
los miembros se conozcan, y mejor éxito aún cuando
comparten un cariño sincero. La
vida corporativa de la Sociedad se nutre en la adoración
y la hermandad, en el gozo y el dolor compartidos, en la disciplina
común. Por eso, los Amigos han sido, de facto,
lo que su nombre indica, una verdadera sociedad de amigos. En la historia de la iglesia, es obvio
que los grupos que han puesto énfasis en la interioridad
de la autoridad religiosa, generalmente han sido muy débiles
con respecto al gobierno eclesiástico; los Amigos, al contrario,
son muy fuertes en su vida corporativa y su organización.
Por esta razón, se debe
considerar la sesión de acuerdos en el contexto de una hermandad
amplia y calurosa, porque es en este contexto que obra la tensión
fructífera entre el individuo y el grupo.
Un método religioso
El método cuáquero
de la toma de decisiones siempre ha sido, por encima de todo, un
método religioso. Los Amigos tratan de buscar la voluntad
de Dios, y no sólo la mera sabiduría humana. Al fin y al cabo, las decisiones no dependen de la sabiduría
ni del conocimiento de ciertos líderes destacados, sino
de una percepción recogida que une a toda la junta. El
método se basa en la fe de que cada persona puede conocer
la voluntad de Dios, y que la voluntad de Dios es una: la sesión
de acuerdos busca encontrarla.
En la práctica, esto implica
que tales sesiones se llevan a cabo en el contexto de la adoración,
para que los asistentes, consciente y repetidamente, puedan buscar
la dirección divina. Como dijo Fox: “Los Amigos no deben
parecer un grupo de personas reunidas para tratar asuntos
municipales ni parroquiales, sino que deben esperar en el Señor.”
Sin embargo, esto no debe considerarse
como una antigua costumbre que se observa solamente con un
formal
“momento de silencio.” Es
preciso que la sesión de acuerdos empiece con un tiempo de
adoración genuina, con la plena conciencia de la verdadera
presencia de Cristo y de su guía en medio de la congregación
que lo adora. La experiencia
religiosa compartida durante tal período de espera reverente
también ayuda en la búsqueda de la dirección
divina y de la unión del grupo al tomar sus decisiones. El
método cuáquero sólo funcionará cuando
los Amigos estén conscientes de que actúan ante la
presencia Divina.
Hay grupos seculares que usan un
método de consenso parecido a la sesión de acuerdos
de los Amigos. Pero el método cuáquero
no es una mera técnica, sino una fe que se expresa en un
método. Sin la fe, el método sólo será eficaz
mientras las diferencias no sean grandes, y cuando lo sean, fracasará. Los Amigos tienen una protección
indispensable contra tal fracaso – la fe en que la voluntad
de Dios para las personas existe y que ellos pueden discernirla,
y que al seguir con fidelidad la Luz que nos es dada, llegaremos
a una unión realizable.
Consideración de los asuntos
Cuando se presenta un tema a la
sesión de asuntos, cualquier Amigo puede expresar su
percepción. Sin embargo, en el contexto de la adoración,
las palabras tendrán un carácter y un propósito
distintos a las acometidas de los debates. Cada
contribución hablada añadirá al tema
en las mentes de los Amigos, un hecho o una percepción
ofrecida sincera y humildemente, sin controversia ni debate, sin
intento de criticar lo dicho anteriormente; será una simple
expresión de la verdad según la ve el que habla. Cada
cual puede tener una porción de la verdad. No caben las maniobras políticas,
ni las posiciones fijadas de antemano. Durante
la consideración, la junta generalmente se acerca a la armonía,
con la intención de evitar que una minoría quede
insatisfecha.
Los Amigos tratan de considerar
toda propuesta o expresión de opinión sin apuro y
con simpatía. También tratan de respetar una
minoría sincera y seria, y si les parece necesario pueden
posponer la decisión hasta haber recibido más luz
sobre la cuestión y haber llegado a una unión más
completa.
Es raro que un informe o documento
largo o complicado se pueda editar en medio de una sesión. Generalmente se encomienda a un grupo
más pequeño o a una comisión que lo redacte
para presentarlo a una sesión posterior.
El presidente debe esforzarse por
ser sensible a las diversas tendencias expresadas y exponerlas
en palabras claras. Debe ser capaz de guiar la consideración
sin dominarla complementando la firmeza de su liderazgo con buen
humor, flexibilidad y tacto.
El sentir de la junta
Según el método cuáquero,
se toman decisiones no por votos ni por la opinión de la
mayoría, sino por “el sentir de la junta.” En
la experiencia de los primeros Amigos, la voluntad de seguir con
fidelidad a la Luz Interior de Cristo era lo que los llevaba a
la unión con los demás. Esa experiencia se ha repetido generación
tras generación hasta hoy. El
gran testimonio de que la Luz es dada a cada persona en alguna
medida implica que cada uno puede ser dirigido, si no por el mismo
camino, por lo menos en la misma dirección. Así,
mientras los miembros de un grupo se sigan acercando a la única
Luz, también se acercarán los unos a los otros.
La fe en la posibilidad y probabilidad
de unión en una sesión de acuerdos explica el
esfuerzo cuáquero para discernir el sentir de la junta. Los
Amigos confían en que existe una unidad – la voluntad
Divina
– que sí se puede encontrar; y en este caso puede ser
captada por los asistentes a la reunión. Los
Amigos creen que al acopiar sus percepciones individuales, pueden
acercarse a la voluntad Divina; es más, están seguros
de que existe una dirección corporativa, en la cual un grupo
que se reúne en el espíritu de adoración puede
recibir una percepción mejor que la de cualquier individuo. Esta unidad de percepción es lo
que los Amigos buscan, y lo que el presidente trata de plasmar en
la minuta. Si un individuo difiere de lo que parece
haber surgido como el sentir general del grupo, se puede tomar esta
salvedad o reserva como indicio de que no se ha llegado plenamente
al discernimiento de la voluntad Divina, y que la incorporación
de esa nueva percepción puede resultar en una comprensión
más fiel de la voluntad de Dios.
Después de considerar debidamente
todos los puntos de vista que se han expresado en la sesión,
el presidente tiene el deber de evaluar con cuidado las diferentes
opiniones, y declarar lo que a él (o a ella) le parece el
sentir de la junta, no sólo según conteos sino de
acuerdo con la experiencia y la percepción espiritual de
los miembros. Esta cuestión de sopesar las diferencias
entre lo dicho por cada cual para llegar al sentir de la junta
es fundamental en el método cuáquero. Puede
ser que varios Amigos se expresen sinceramente dentro de una línea
común de percepción, y después un solo
Amigo expresa una percepción que lleva peso y convicción
en otro sentido. Es
posible que esta comunicación aceptable tenga más
influencia que varias más superficiales.
Si hay serias diferencias de opinión
a las que se aferran tenazmente personas convencidas de que su
camino es el único correcto, frecuentemente es posible encontrar
la unidad recurriendo a un período de oración en
silencio. A menudo sucede que los reparos ceden, o que un camino nunca
antes sugerido se abre. Esto
trasciende cualquier acuerdo por arreglos o concesiones recíprocas
pues representa un descubrimiento de lo que todos en verdad
desean a un nivel más profundo. También puede ser necesario posponer
la decisión hasta otra ocasión para permitir que
el discernimiento madure antes de encontrar la unidad.
Puede suceder que un Amigo, o un
grupo pequeño, persiste en su diferencia de opinión,
sintiendo, como Juan Woolman en la cuestión de la esclavitud,
que la voluntad Divina les exige expresar su oposición
a la opinión general. En este caso, el presidente tiene la responsabilidad de sopesar
con amor tales expresiones para determinar si representan
nuevas percepciones de la voluntad Divina sobre el asunto, o si
se deben pasar por alto por carecer de sustancia. Hay
que destacar que, aunque Juan Woolman perseveró en su insistencia,
mantuvo su posición en espíritu de amor, y buscó formas
de hacer llamamientos tiernos a las conciencias de quienes tenían
opiniones diferentes.
Howard Brinton nos advierte, sin
embargo, que el grado de unidad necesario para una decisión
puede variar con las circunstancias. “El
grado de unidad necesario,” escribió, “depende
de la índole y urgencia del asunto, y del hecho de poder
o no poder posponer la decisión. La búsqueda de unidad tiene más éxito
mientras más se convierta el proceso de llegar a la unidad
en un ejercicio religioso.”
[5]
Se llega al sentir de la junta basándose
sólo en la participación de los Amigos
presentes en la búsqueda de unidad. Las comunicaciones escritas de los ausentes
generalmente llevan poco peso.
Los Amigos deben tratar de cooperar
en un espíritu de humildad y amor, cada uno atribuyendo
a los demás motivos puros a pesar de las diferencias de
opinión. Se les aconseja que ejerzan tolerancia mutua y, después
de expresar sus opiniones, que se abstengan de enfatizarlas mucho
cuando el juicio de la junta obviamente tiende a otra opinión.
La minuta
Durante la consideración,
el presidente debe estar alerta al brote del sentir de la junta
para ofrecer una minuta provisional. Si
tal minuta parece aceptable a los congregados, se asienta
inmediatamente como la decisión de la junta. Para
que la junta la apruebe, tal minuta se debe leer en voz alta ya
sea inmediatamente, o antes de cerrar la sesión. Por
regla general, un presidente sensible puede formular una minuta
sin mucha dificultad, pero toda minuta siempre debe someterse a
la junta para comentarla o enmendarla antes de ser aceptada
como constancia del sentir de la junta. El presidente que tenga dificultad en
expresar por escrito el sentir de la junta, puede pedir ayuda a
otros asistentes.
La minuta aprobada suele declarar
sólo el acuerdo final de la junta, aunque a veces puede
ser útil incluir un resumen breve de las diversas perspectivas
consideradas en su desarrollo.
A veces se critica el método
de acuerdos cuáquero por ser muy lento, puesto que a menudo
la decisión tiene que posponerse hasta llegar a la unidad. Pero
una vez que se logra la unidad, la junta puede proceder rápidamente
con el apoyo unido de sus miembros. Al
fin y al cabo este método puede resultar más eficaz
que el de otro grupo que ha decidido rápidamente por voto,
pero carece de apoyo unido para ejecutar su decisión. El
método cuáquero sólo funciona cuando todos
los participantes se han comprometido a practicarlo.
El presidente suele dirigir el
proceso de discernimiento y también registrar las actas
de la junta. En algunas juntas estas funciones se
dividen entre un presidente y un secretario de actas.
[6]
El presidente dirige la consideración
y trata de discernir el sentir de la junta, pero es
el secretario de actas quien formula la minuta. Para
que el método cuáquero funcione, esta
división requiere una estrecha colaboración
que no tiene nada que ver con la subordinación
de secretarios a presidentes en organizaciones
seculares. A
veces el presidente declara su percepción del
sentir de la junta, esperando que el secretario
lo capte por escrito. Se
debe notar que la minuta cuáquera no es un simple
resumen de lo considerado, sino que en sus primeras
versiones puede ser parte integral del proceso de llegar
a una decisión.
Unidad, no uniformidad
Se debe destacar que lo que buscan
los Amigos es unidad, y no uniformidad. Los
Amigos tienen opiniones muy diversas sobre muchas cuestiones; por
lo tanto queda bien claro que su unidad no es producto de la afinidad
de pareceres.
La unidad que los Amigos buscan
y tratan de plasmar en una minuta es la voluntad de Dios sobre
el asunto dado, según sea captada por medio de la guía
corporativa recibida por el grupo entero. No
se busca unanimidad de pensamiento ni de juicio; por el contrario,
lo que se busca es un empeño del grupo para encontrar la
guía del Espíritu de Cristo. Aunque se pueden usar razonamientos para influir la decisión,
tales argumentos no serán la base de la decisión.
En el contexto de la adoración,
si creemos de veras que en una sesión el Espíritu
de Dios de alguna forma se manifiesta liberado, tendremos que estar
abiertos a la Verdad aunque se encuentre en un punto de vista anteriormente
rechazado. A menudo, por un proceso de fecundación
cruzada, una solución absolutamente nueva puede brotar incorporando
las opiniones de la mayoría y la minoría como algo
nuevo para todos. Entonces todos pueden decir, “Esto
sí
es lo que yo verdaderamente quería, pero no me había
dado cuenta.”
Aprobar una minuta, sin embargo,
no implica necesariamente una uniformidad de criterio, sino el
reconocimiento de que la minuta capta la guía que el grupo
ha recibido en el momento. Puede haber Amigos que querrían
que la junta procediera más atrevidamente, y otros que temen
lo que les parece un experimento peligroso. Es
posible que cada uno hubiese querido una decisión distinta
a la aprobada. Pero cada uno considerará lo que
Dios quiere para esa junta en ese momento, tomando en cuenta todas
las sinceras diferencias de parecer. Así cada
cual aprobará la minuta que le parezca expresar el sentir
del grupo, aunque no sea totalmente aceptable a uno mismo.
[7]
Entre el método secular
de consenso humano o asentimiento unánime, y el método
cuáquero de tratar asuntos hay una diferencia bien importante:
aquél busca unidad según la sabiduría
humana, mientras que éste la busca según los llamamientos
del Espíritu de Dios. En
el contexto de adoración de una sesión de acuerdos
cuáquera, los Amigos han aprendido a distinguir entre los
dos. Si un solo Amigo
siente y expresa fuerte y sinceramente que la junta se está apartando
de la Verdad, de la dirección del Espíritu,
esa oposición y nada más, puede ser suficiente para
obstaculizar una acción de la junta. Por otra parte, la
misma oposición de varios, pero esta vez basada sólo
en la prudencia o la sabiduría humana, bien puede ser que
no impida la acción. ◊
Reunidos en buen orden, no debéis
malgastar el tiempo con discursos superfluos, innecesarios,
infructuosos; sino proceder en la sabiduría de Dios. No
decidáis según las costumbres del mundo, como asamblea
mundanal de hombres, en contienda acalorada, cada uno luchando
por hablar mejor y abarcar más que el otro en los discursos,
como si fuera controversia entre contrincantes o entre partidos
en pugna violenta por el dominio. Ni decidáis los asuntos por voto
de mayoría. Por
el contrario, conducid vuestros asuntos en la sabiduría,
el amor y la fraternidad de Dios con solemnidad, paciencia,
mansedumbre, con unión y paz, sometiéndoos los
unos a los otros con humildad de corazón y en el Espíritu
santo de verdad y de justicia, escuchando y decidiendo todo
asunto que se os presenta, en amor, tranquilidad, ternura, y
unión cariñosa: repito,
como un solo partido, ayudándoos mutuamente con la
capacidad que Dios os ha dado, todos unidos por la verdad
de Cristo y por la continuidad de la obra del Señor y
ayudándoos mutuamente con los dones que cada cual ha recibido
de Dios. Se determinan
las cosas por una concordia mutua y general, al asentir conjuntamente
como una sola persona, en y por la autoridad del espíritu
de verdad e igualdad. En esta forma y espíritu deben
ser todas las cosas entre vosotros. Que
sea sin perversidad ni auto-separación, sin desacuerdo
ni parcialidad; porque tales formas y actitudes hay que
eliminarlas por completo, como indignas de entrar en la asamblea
de los siervos de Dios, en cualquier caso pertinente al servicio
de la Iglesia de Cristo, en la cual su Espíritu de amor
y unión debe prevalecer.
—Eduardo
Burrough, 1662
[8]
[4]
Friends
United Press, 1986
[5]
Howard
H. Brinton, The Society of Friends, Pendle Hill Pamphlet, no. 48
(1949), p. 5f.
[6]
En la experiencia
de los traductores, la división de papeles entre presidente
y secretario es mucho más común que lo que Selleck
indica aquí.
[7]
Mas bien, los traductores
dirían: “Cada
cual aprobará la minuta que le parezca expresar el sentir
del grupo, aunque siga con inquietudes o con anhelos de algún
cambio en el futuro.”
[8]
London
Yearly Meeting of the Religious Society of Friends. Christian Faith and Practice
in the Experience of the Society of Friends, aprobado 1959. (London,
1960, acápite 354)


