Perspectivas sobre el método cuáquero de tomar decisiones en la iglesiad (continuación)
Consejo general de asuntos eclesiásticos
Disciplina
de la Junta Anual de Londres, 1967
[9]
Introducción
Uno de los aspectos más
impresionantes en el establecimiento de juntas mensuales entre
1667 y 1669 era el espíritu de entusiasmo divino con el
cual Fox viajaba por todo el país
– a pesar de que por haber estado preso durante casi tres años
en Lancaster y Scarborough, sus articulaciones estaban tan entumecidas
e inflamadas que casi no podía montar a caballo. Su
visión no incluía ninguna estructura administrativa,
ninguna serie de asambleas, sino un “orden del evangelio que
no es del hombre ni es hecho por el hombre, sino que ha sido enviado
por Cristo, el hombre celestial, por encima de todos los mandatos
del hombre en la caída. Tal orden perdurará cuando todos los otros se
hayan desvanecido, porque el poder de Dios y del evangelio eterno
por siempre perdura.”
[10]
Desde entonces en la historia de la Sociedad
de los Amigos ha habido tanto épocas sombrías,
como épocas gozosas; ha habido épocas en
que la organización ha parecido entorpecer la
nueva vida en vez de nutrirla. Una
comunidad cristiana necesita organización para
poder sostener una vida eficaz, pero tiene que mantenerse
libre de cualquier dominio autoritario. Jesús dijo: “Los reyes de
las naciones se enseñorean de ellas, y los que
sobre ellas tienen autoridad son llamados
‘bienhechores:’ mas no así vosotros, sino sea
el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige,
como el que sirve.”
[11]
Nuestras decisiones reflejarán
la visión y compasión de Cristo sólo
en la medida en que aprendamos esto por experiencia.
Nuestras sesiones de asuntos de
la iglesia se llevan a cabo en espíritu de adoración. Esto no quiere decir que la risa y el
sentido de buen humor tienen que quedar fuera. Pero siempre debe haber un recogimiento interior del que emana
una dignidad cabal, flexible y libre de pompa o formalismo. Nos reunimos para la adoración
colectiva, para la atención pastoral de nuestros miembros,
para la administración necesaria, para la consideración
sin apuro de asuntos de interés mutuo, para sopesar inquietudes
y llamados personales que se nos presentan, y para conocernos mejor
tanto en las cosas eternas como en las temporales.
Cada vez que pensemos que las cosas
van mal con nuestras sesiones de acuerdos nos ayudaría mucho
para evaluar la situación debidamente si pudiéramos
darnos cuenta de cuántos problemas surgen, no del sistema,
sino de nuestras imperfecciones humanas y de la diversidad de nuestras
personalidades y nuestros puntos de vista. Estas sesiones no son meramente ocasiones
para despachar los asuntos de la iglesia eficientemente, sino para
aprender a tolerar y a contenernos, para demostrar los unos a los
otros ese amor que es sufrido y benigno.
[12]
El cristianismo no es sólo una
fe, sino también una comunidad, y en nuestras
sesiones de asuntos aprendemos lo que conlleva ser
miembros de esta comunidad.
El sentir de la junta
Nuestro método de conducir
las sesiones para asuntos de la iglesia es una experiencia
que ha pasado la prueba de más de trescientos años. En
días de contiendas acaloradas y controversias amargas, unidos
por la experiencia gloriosa de la dirección del Espíritu
Santo en todos sus asuntos, los primeros Amigos llegaron a una
comprensión sencilla de cómo se debían
tomar sus decisiones corporativas. Rechazaron
las decisiones hechas por medio de cabildeos astutos o debates
ingeniosos. Habían
descubierto una satisfacción más profunda y
certidumbres más contundentes cuando encontraban su camino
con amor y comprensión, conscientes de la presencia de Dios.
En nuestras sesiones de asuntos
nos proponemos buscar juntos el camino de la verdad – la
voluntad de Dios en las cuestiones que enfrentamos, convencidos
de que toda actividad en la vida está sometida a su voluntad. Para
conducir nuestras juntas de acuerdos en forma correcta necesitamos
reunirnos en espíritu de adoración, pidiendo
ser usados por Dios en nuestro día. El período de adoración
que antecede a nuestra consideración de los asuntos no debe
ser una mera formalidad, sino un tiempo para sosegar el alma. El
silencio al final de la asamblea se puede usar para acción
de gracias por la dirección divina.
El debido proceder de nuestras
sesiones de acuerdos depende de que todos asistan listos para
buscar activamente, no con la mente ya aferrada a cierta acción
ni resuelta de antemano a imponerla a toda costa. Sin
embargo, la mente abierta no es una mente vacía ni dispuesta
a aceptar cualquier cosa sin reflexión crítica: el
servicio de la junta requiere entendimiento de los hechos, a veces
adquirido con mucho esfuerzo, y la capacidad de juzgar la
pertinencia e importancia de tales hechos. Este requisito nos exige que escuchemos
con cuidado a los demás, sin hostilidad si acaso expresan
opiniones que no nos complacen, y tratando siempre de discernir
la verdad dentro de lo que ellos ofrecen. Nos
exige, sobre todo, una sensibilidad espiritual. Si
nuestras sesiones fracasan, puede que sea debido a personas que
no están preparadas para usar el método, y no debido
al método en sí.
Puesto que nos reunimos con toda
nuestra variedad de temperamento, antecedentes, educación
y experiencias, siempre se debe reconocer que haremos distintas
contribuciones a cualquier deliberación. El
interés de los Amigos por la verdad nunca implica esperar
de nadie que diluya su fuerte convicción ni que se calle
solamente para dar paso a un acuerdo fácil. Se nos manda a honrar nuestro testimonio:
que cada uno recibe una medida de la luz. Por consecuencia encontraremos el camino hacia la unidad
cuando intercambiemos nuestros conocimientos, experiencias, y preocupaciones. Los
miembros de la junta necesitan ejercer una mutua lealtad comprensiva
cada vez que se aprueba una minuta que representa el juicio de
la junta, después de considerar todas las opiniones sobre
un tema.
[13]
Todos los asistentes a una sesión
de acuerdos no tienen que hablar: los que se quedan callados pueden
ayudar a formar el sentir de la junta si escuchan en espíritu
de adoración.
A veces se piensa que la unidad
se logra sólo por medio de la sumisión de la minoría
a la decisión de la mayoría. Esto
no es cierto. Tampoco debe pensarse que sin unanimidad
no se puede dar pasos positivos. Una minoría no debe tratar de dominar por medio de
un veto sobre las decisiones que el cuerpo general de los Amigos
siente correctas. Durante nuestra historia como Sociedad,
hemos encontrado que por medio de una búsqueda continua
para conocer la voluntad de Dios, experimentamos aperturas
hacia una unidad diferente y más profunda.
En esta unidad más profunda
muchas veces se descubre un camino nuevo que ninguno de los asistentes
podría haber concebido independientemente, y que trasciende
todas las diferencias de opiniones expresadas. Una
percepción creativa nos conduce hasta el sentir de la junta
y de forma extraordinaria, el presidente o secretario lo plasma
bajo dirección divina. Los
que han pasado por esta experiencia no dudarán de su
realidad ni de la certidumbre en la rectitud del camino a seguir
por la junta.
La junta encomienda a su presidente
la responsabilidad del discernimiento espiritual, para que
esté
alerta al progreso de la junta hacia la unidad y para que escoja
el momento correcto de proponer una minuta. En
su primera versión, la minuta puede servir para aclarar en
la mente de los participantes los asuntos que verdaderamente necesitan
decidirse. Cuando la sesión está recogida “en
la vida,” el espíritu divino le indica al presidente
clara e inequívocamente el momento para proponer la minuta. Estas
ocasiones representan puntos culminantes de la experiencia de la
sesión de acuerdos. También
hay que reconocer que generalmente tratamos asuntos más prácticos
y rutinarios. Siempre
se debe tener en mente que decidir si la minuta expresa fielmente
el sentir de la junta, es la responsabilidad de la junta, y no del
presidente.
Aunque sólo una decisión
sea posible para una junta específica en su momento específico,
bien puede ser que a la larga no sea considerada correcta. Ha
habido muchas ocasiones en nuestra Sociedad en que un Amigo,
con convicciones personales opuestas, ve claramente que no está en
armonía con el sentir de la junta, y con gracia fiel
decide no obstaculizar la dirección del grupo. A
veces en tales casos y con el paso del tiempo, la junta llega a
comprender la percepción de aquel Amigo, y se une a ella.
Los presidentes necesitan de nuestro
paciente apoyo mientras tratan de discernir la unidad en juntas
agudamente divididas. No
debemos esperar ser librados de diferencias de opinión
(y si así fuera nuestra vida como iglesia sería aburrida
y poco provechosa) pero sí necesitamos mantenernos
firmes en nuestra convicción de que la luz que tratamos
de seguir nos dirige hacia la unidad.
La asistencia
Consejos a los Amigos
sobre su asistencia en sesiones de acuerdos
Acuérdate que no se espera
que ningún Amigo asista a todas las sesiones ni que participe
en innumerables comisiones. Decide
tú qué está
dentro de tu capacidad física y espiritual, y cuando hayas
aceptado una responsabilidad, cúmplela. Sé regular,
fiel, y puntual en tu asistencia lo más posible.
Al sentarte, busca sosiego de mente
y espíritu. Trata
de evitar conversaciones o reuniones de subcomités cuando
la sesión está por empezar. Dirígete
a Dios interiormente, orando que la junta pueda reconocer
su dirección en los asuntos que tiene por delante, y que
el presidente reciba la capacidad de discernir y captar el sentir
de la junta con fidelidad.
Acuérdate de la pesada carga
del presidente, y haz todo que puedas para ayudarlo en sus
deberes. Con anticipación infórmale
sobre asuntos que se piensan presentar a la sesión,
por escrito si fuera posible. Trata
de no mandar mensajes a la mesa en el último momento.
Presta toda tu atención
al asunto del momento. Cuando
hables, di lo que tienes que decir en pocas palabras. Habla
en voz alta, con sencillez; no busques efectos retóricos. Una pausa después de la contribución
de cada individuo facilitará que lo dicho llegue a su debido
lugar en la mente de la junta. No
repitas opiniones que expresaste antes.
[14]
No te dirijas a un solo Amigo, sino a
la junta en total. Prepárate
para obedecer las direcciones del presidente. A
menos que sea una junta bien pequeña, habla
de pie.
Puede ser que tengas fuertes opiniones
en algunos asuntos que van a considerarse. Escucha todos los puntos de vista con la mayor paciencia posible. Es
posible que un Amigo que tú consideras mal informado o terco
puede ofrecer alguna observación positiva o provechosa;
espera alerta tales ocasiones. No pongas en boca de otros Amigos cosas que en realidad no
dijeron. Corrobora
los hechos. No declares como hechos cosas que son
opiniones.
No te ofendas porque otros no estén
de acuerdo contigo. Ten
mucho cuidado de atribuir
motivos indignos a otros, aun en tu mente. No
te des por aludido. Promueve
el espíritu de amistad en la junta para que los Amigos puedan
declarar lo que tienen en mente con libertad, confiados de que
nadie les va a malentender o malinterpretar. Reconoce
el valor social de la reunión. Saluda a las personas que no conoces y presenta a los
que no se conocen. Sé jovial. Si eres un Amigo con experiencia, invita
a los recién convencidos a acompañarte. Ayúdalos
a entender los asuntos y a conocer mejor a los miembros.
Cuando te mandan como representante
a una sesión
[15]
, vas a llevar conocimientos
locales que pueden ser útiles. Pero como delegado no debes asistir con un encargo inflexible
de imponer la opinión de otro grupo de Amigos
que no esté presente para participar en el ejercicio
espiritual de la sesión.
Cuando todo lo necesario se haya
dicho, si el presidente no está preparado para sugerir una
minuta, apóyalo con oración en silencio. Si
la minuta es aceptable en general, no molestes al presidente con
un cúmulo de críticas insignificantes ofrecidas a
la vez. Tampoco debes
usar el proceso de refinar la minuta para introducir nuevos aspectos
o para repetir tu opinión original.
La presidencia
En las sesiones de asuntos el presidente
hace un papel muy parecido al de los ancianos en los cultos de
adoración. Lo
que más se necesita es la capacidad espiritual de discernimiento
y la sensibilidad a la condición de la junta. Mientras
conduce la sesión y escribe las minutas, el presidente es
fortalecido por su certidumbre del apoyo fiel de los miembros de
la junta. Los Amigos que son llamados a este servicio por primera vez
deben sentirse alentados, sabiendo que un gozo inesperado les llegará en
estos momentos de intenso apoyo. Si
el presidente sirve bajo guía espiritual, y con certeza
de la presencia y ayuda de Dios en la sesión, recibirá fuerzas
más allá de su capacidad ordinaria.
Consejos para presidentes
Siempre acuérdate de que
como presidente, eres siervo de la junta, y no su jefe. Es probable que la junta confíe mucho en ti, y generalmente
responda de buena gana si no sabes qué hacer y pides ayuda.
Tú también puedes
ayudar a la junta. Tu
comportamiento puede establecer la actitud de espera y adoración
que debe caracterizar nuestras sesiones de acuerdos. Siempre
llega con la mente y el corazón preparados.
No dejes todas tus preparaciones
para el último momento. Si
es posible, consulta los asuntos de antemano con tu vicepresidente.
[16]
Corrobora con anticipación todos
los datos que puedan formar parte de la consideración,
para librar la junta del peligro de especulaciones
infructuosas que malgastan el tiempo. Se ahorrará mucho tiempo si se
traen ya redactado un borrador de la exposición
de los datos, que más adelante puede formar
parte de la minuta.
Al presentar un asunto a la sesión,
trata de brindar brevemente suficiente información
o antecedentes para ayudar a que la junta emprenda su labor. Durante
las deliberaciones puedes ofrecer sugerencias o consejos sobre
el procedimiento en cuestiones rutinarias, si nadie más
lo hace. A veces, una junta muy pequeña
puede pedir tu participación en la consideración. Sin embargo, acuérdate de que tu papel principal es
discernir el pensar colectivo de la junta, y este papel puede resultar
mucho más difícil si tratas de participar en
la consideración. Por eso, ten mucho cuidado en dar a conocer
tus propias opiniones. Puede
resultar que esta disciplina de imparcialidad lleve a una
relación nueva y más profunda con otros miembros. Si
tú tienes cualquier interés profundo en un asunto
que está por decidirse, pide a la junta que nombre a otro
Amigo para presidir en esa ocasión.
No temas pedirle a la junta que
espere
[17]
mientras preparas la minuta. De
esta forma, será posible completarla y aprobarla
en la misma sesión. En algunos casos puedes necesitar un
tiempo para reflexionar, y entonces puedes presentar
la minuta más tarde durante la misma sesión. Sin
embargo, no es recomendable preparar las minutas después
de la sesión para presentarlas en otra ocasión,
cuando los asistentes pueden no ser los mismos que
decidieron.
Corrobora que la decisión
y la minuta incluyan con claridad todos los puntos que tenían
que decidirse, y acuérdate de que en el futuro puede ser
necesario referirse a ella. Cuando las minutas registran la presentación
de informes que se archivarán con las actas, generalmente
no es necesario repetir el contenido en los mismos.
Aunque no se debe decidir basándose
en los conteos, hay cuestiones mundanales, como por ejemplo
la fecha y la hora de una reunión, en las cuales la conveniencia
de la mayoría debe prevalecer.
Acuérdate de que el Amigo
de más peso no necesariamente lleva peso en todos los asuntos;
sopesa el valor de cada contribución individualmente. No
te olvides de que el silencio de algunos puede llevar más
significado que las palabras de otros.
Cuando existen fuertes diferencias
de opinión, hasta el punto de poner en peligro el espíritu
de adoración que debe prevalecer en las sesiones de acuerdos
de la iglesia, un período de oración en silencio,
esperando en la voluntad de Dios, puede calmar y unificar la sesión.
Si se invita a un Amigo a hacer
una presentación, ten en cuenta tu responsabilidad
para con él. Trata de arreglar la agenda para permitir
tiempo suficiente de presentar y considerar su tópico
cuando el grupo no se sienta cansado ni sobrecargado con otros
asuntos. Ofrece al invitado una oportunidad de
tranquilidad antes de la sesión, consciente de que su servicio
puede costarle mucho esfuerzo emotivo. Si
viene de lejos, dale consejos sobre los arreglos del viaje, sobre
la hora y lugar de su llegada, y reembólsale sus gastos
rápida y cortésmente.
Ten cuidado en establecer un equilibrio
debido al ejercer la autoridad que tu oficio pone en tus manos. Con
buen juicio distingue entre los asuntos que deben presentarse
a la junta, y los que tú puedes decidir sólo. Guárdate
del peligro de exceder tu autoridad al decidir cuestiones que deben
referirse a la junta. Cuando tengas dudas, puede ser útil
consultar con Amigos de mucha experiencia. Durante la sesión, sé cortés y firme
con aquellos que hablan demasiado, o que se extravían del
asunto pertinente. El ejercicio debido de la autoridad del presidente es de mucho
utilidad a la junta, porque facilita decisiones rápidas
y apacibles.
Mantén el sentido del buen
humor y la mesura. Sé consciente
del ritmo de la sesión. No
te apures ni permitas que los asuntos se prolonguen demasiado. Ten muy en cuenta a los tímidos que pueden necesitar
aliento para hablar.
Entre una sesión y otra,
piensa con cariño de las necesidades de la comunidad que
te nombró, y de cómo se pueden satisfacer. Siempre
pide la dirección de Dios para tu labor. ◊
En
las juntas de acuerdos, y en todas las obligaciones relacionadas,
busquemos insistentemente la dirección de la Luz. Que
nuestras palabras sean breves y sin repeticiones. Guardémonos de terquedad y de
aspereza en nuestro tono y en nuestra forma de expresarnos, y
siempre admitamos la posibilidad de estar equivocados. En
todos los asuntos de la comunidad espiritual,
procedamos con un espíritu apacible, con paciencia y cariño
caluroso y mutuo.
—Consejo
sobre Asuntos de la Junta
Junta
Anual de los Amigos de Nueva Inglaterra
[18]
[9]
London
Yearly Meeting of the Religious Society of Friends. Church Government, aprobado
1967. (London,
1968, capítulo 17, acápites 712 – 726)
[10]
George
Fox, Journal, (Cambridge, 1911): vol. 2, p. 127
[11]
Lucas 22: 25-26
[12]
1 Corintios 13:4
[13]
Los traductores notan
que algunos aspectos de la situación no están explicitas
aquí. Después de llegar a un acuerdo,
sobre todo en casos en los que ha habido profundas diferencias,
pueden quedar tensiones. Puede
ser que algún hermano se sienta aplastado o apenado por
el proceso aunque se haya unido al acuerdo, o quizás se
quedó callado porque se sentía incapaz de oponerse. Por otra parte, puede haber tentaciones
de sentirse complacido cuando la junta acepta lo que uno pensaba
antes de la reunión. Todos
aceptamos la disciplina de obedecer las decisiones de la junta
porque creemos que tales decisiones representan lo más que
podemos entender de la voluntad de Dios, pero el amor requiere
que todos estemos conscientes de estas debilidades humanas y sensibles
a las emociones y experiencias de nuestros hermanos. Creemos que esto es la lealtad comprensiva
mencionada en el texto.
[14]
Sería más
completo decir, “No repitas opiniones que ya han sido expresadas – sea
por ti o por otra persona.”
[15]
por ejemplo, de la
junta anual o trimestral, del Comité Mundial o de otra organización
de Amigos
[16]
o secretario de actas,
u otra oficial de la junta mensual
[17]
o que ore en silencio
[18]
Faith
and Practice of New England Yearly Meeting of Friends, aprobado 1985, p.
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