Perspectivas sobre el método cuáquero de tomar decisiones en la iglesiad (continuación)
Para Tomar Decisiones
por John
Punshon
[19]
La adoración
basada en el silencio abarca mucho más que la ausencia de
palabras. Es la forma principal para educar y madurar
dentro la tradición no programada, y para juntas programadas
es la expresión simbólica más importante de
la fe cuáquera. A veces parece una manera de adoración
ligada a una organización religiosa poco firme, pero eso
está muy lejos de la verdad. Esta
forma de adoración pone de manifiesto la visión fundamental
que los Amigos tienen de la iglesia: discípulos reunidos
para escuchar y para oír.
[20]
He aquí la base de la unión
entre los Amigos que practican cultos programados y los que se
reúnen en silencio. Detrás
de la manera de adoración visible los domingos en una junta
programada o una iglesia de los Amigos, existe una visión
de la comunidad cristiana que no admite superioridad jerárquica,
ni aún la de un ministro ordenado llamado por la congregación
misma .
[21]
Aunque puede parecer lo contrario,
el pastor cuáquero es un Amigo común
y corriente que es liberado
[22]
para servir; no es un oficial nombrado
para ejercer dones especiales. Así, en la junta programada el
proceso de tomar decisiones es igual que el de la tradición
no programada.
Pues, una junta es más que
una comunidad que adora. Es
un grupo que vive en el mundo y se enfrenta al reto de llevar su
testimonio al mundo. La
adoración puede dirigirnos mucho más allá de
lo que se hace los domingos. El culto puede ser más que una
simple ocasión para satisfacer las necesidades espirituales
particulares del individuo. La
devoción silente debe formar la conciencia de que la junta
no es sólo un lugar que escogemos, sino que Dios nos ha
llamado a este lugar por amor. Al comprender esto, se siente el significado de esas bellas
frases que dicen que la comunidad de fe es el cuerpo de Cristo.
[23]
Los primeros Amigos conocían,
practicaban, y apreciaban esta unión de espíritu. La llamaban “el orden del evangelio” porque sentían
entre ellos la presencia del Señor guiándolos
y dirigiéndolos con tanta fuerza que prescindían
de toda ayuda o intermediario humano. Sin embargo, no eran tan individualistas como sus adversarios
imaginaban. Se sentían
juntos, unidos irrevocablemente, porque la luz por su naturaleza
llama a la hermandad.
El silencio en que los Amigos se
reúnen para la adoración, o el que mantienen en el
centro de sus cultos programados,
[24]
manifiesta esta comunidad, y entre
todas las controversias y diferencias que llenan su
historia, siempre lo han sabido. Hemos dicho que el convencimiento y la conversión,
en términos cuáqueros, quiere decir superar
el yo y aprender a depender de la dirección
de Dios en todas las cosas. La
sesión de acuerdos no se puede entender independientemente,
sino como parte de una disciplina espiritual.
El principio de todo culto
[25]
se basa en la reunión de la comunidad ante
Dios que responde a la iniciativa divina. Esperar
en silencio requiere vulnerabilidad y obediencia: el consentimiento
y el deseo de recibir dirección divina. Así reconocemos
nuestra falibilidad. En
el pasado la espera en silencio se consideraba el contexto principal
para discernir la dirección divina sobre cómo poner
la fe en práctica en nuevas circunstancias, y para sopesar
llamados individuales poniéndolos a prueba bajo lo que la
comunidad entiende de las escrituras y bajo la experiencia espiritual
colectiva.
Esta experiencia no necesitaba
grandes ceremonias. Las
reuniones de líderes cuáqueros en la primera época
tampoco resultaban hitos monumentales por la declaración
de cualquier nuevo discernimiento de la verdad que recibieron. Al
contrario, en la vida de fe de los Amigos las cuestiones verdaderamente
clave consisten de un sinnúmero de pequeños casos. Semana
tras semana, mes tras mes, año tras año, sesión
tras sesión, la luz clara y calurosa nos guía más
y más profundamente al misterio de Dios.
La máxima expresión
de esta comprensión cuáquera de la iglesia se encuentra
tanto en las juntas programadas como en las no programadas. Roberto
Barclay, quien escribió el primer ensayo sistemático
sobre el tema, muy a propósito usó como modelo la
iglesia descrita en los Hechos de los Apóstoles. Hizo
hincapié en que inmediatamente después del Pentecostés
la iglesia organizó ayuda para los pobres – es decir,
la provisión de las necesidades corporales de la comunidad
de los fieles.
Casi en serio pudiéramos
sugerir, si tuviéramos el valor de seguir a Barclay, que
la asamblea más importante en la Sociedad de los Amigos
es la sesión de acuerdos de la iglesia y no sus reuniones
públicas para la adoración. La
idea parece tener su razón válida, pero de alguna
forma parece muy a contrapelo y molesta. ¿Cómo
es posible que pudiéramos defender una declaración
tan extraordinaria?
Para empezar, examinemos nuevamente
la práctica de no votar durante las sesiones de acuerdos. La práctica de votar está tan
enraizada en las sociedades democráticas que a veces
los que empiezan a visitar a los Amigos tienen problemas en comprender
nuestra forma. Aún más hay Amigos que en sus vidas públicas
están perfectamente acostumbrados a hacer propaganda electoral
y pedir votos, pero que jamás lo harían en su comunidad
religiosa.
Por el contrario, estos Amigos
conocen muy bien la práctica en la que un miembro común
y corriente de la junta, llamado el presidente, se sienta en una
mesa, escucha, a veces escribe, y por fin produce una “minuta” que
da constancia de lo que los Amigos han decidido hacer. La
sesión de acuerdos es una reunión para la adoración,
y se basa en el silencio igual que cualquier reunión entre
los cuáqueros.
[26]
Por eso se nos exige la misma disciplina
de esperar dentro del sosiego. Se
debe asistir para participar en el discernimiento de la voluntad
de Dios para la junta, no para insistir en su propio punto de vista. Hay que estar dispuesto a ser persuadido. Con
frecuencia hay pausas entre una contribución y otra al igual
que entre contribuciones del ministerio vocal en el culto
no programado. Sin la disciplina de esperar en silencio,
[27]
no sería posible atribuirle
al proceso el peso teológico que los Amigos
afirman. Lo
más significativo es el espíritu en que
se reúnen, y las premisas religiosas acerca
de lo que está
pasando.
Estos principios pueden parecer
innecesarios cuando se aplican a decisiones como el color de pintura
para la puerta del edificio. Pero
según el principio que quien es fiel en lo poco también
lo será en lo mucho,
[28]
los Amigos han descubierto que en
los momentos de grandes diferencias sobre asuntos importantes,
su forma distintiva de practicar su fe corporativamente
es lo que los lleva a la resolución.
La clave de este proceso es el
presidente que se sienta “a la mesa” y es siervo de
la junta. Su función es escribir la minuta,
basada en lo dicho durante la sesión. Algunos
presidentes apuntan gran parte de lo que se dice, otros son concisos. Algunos
se conocen por su capacidad de dirigir la junta en momentos difíciles,
otros por su estilo de escribir. Algunos
son dinámicos y eficientes, otros permiten que la sesión
ande por las ramas. No hay dos presidentes iguales.
El papel del presidente se define
por la minuta, y sobre esto muchos malinterpretan el proceso
tradicional del cuaquerismo. Algunos
Amigos piensan que una junta es una democracia pura: que todo el
mundo debe expresar su opinión y lo que sienten. Piensan
que deben intervenir de la forma más conciliadora posible
para que al final el presidente resuma lo dicho en una minuta agradable
que exprese el máximo común denominador; para que
después los Amigos puedan pasar a otro asunto.
Frecuentemente, se usa la palabra
“consenso” en este contexto. A
veces uno se siente avergonzado al tener que declarar que una sesión
de acuerdos cuáquera no es un ejemplo de decisión por
consenso. Se necesita bastante madurez en una persona
o una organización para hacer decisiones por posiciones afines
y concesiones mutuas. Si
hubiera más consenso en el mundo, habría mucho más
paz. No ponemos en duda el valor del consenso, sino que dudamos
que eso sea lo que una junta de acuerdos de los cuáqueros
debe estar buscando.
El problema está en considerar
la junta como una asamblea democrática. Pongamos
atención por un momento a lo que se está haciendo. Si el presidente busca expresar la opinión
general de la reunión, buscará escribir una minuta
que repita lo que se haya dicho. De este modo la minuta será sierva
de la junta. Por el contrario, si los Amigos reunidos no están
buscando una decisión basada en su propia sabiduría,
sino que buscan la dirección de Dios, la junta será sierva
de la minuta.
Esto parece una vana sutileza de
palabras, pero en realidad expresa muy bien la raíz de la
comprensión de los acuerdos cuáqueros o la incomprensión
que uno encuentra entre los Amigos aún hoy en día. Aquí tenemos
el punto clave de Barclay.
[29]
El cuidado
pastoral es una prioridad insoslayable de la comunidad;
no es de menos importancia religiosa.
[30]
Por consecuencia, las sesiones de acuerdos
son cultos, y deben observarse así.
De otra manera sería imposible
sostener las premisas tradicionales sobre los acuerdos. Claro, para la gente que cree que Dios
no existe o que los humanos no pueden discernir la voluntad de
Dios, nuestro proceso es imposible. Pero
los Amigos siempre han declarado que sí se puede descubrir
la voluntad de Dios con este proceso. Una
manera de discernirla es por medio de la dirección que otros
miembros reciben. Por eso, los cuáqueros asisten
a las sesiones de acuerdos con la expectativa de que la sesión
culminará en unidad, que la dirección divina puede
venir a través de cualquier asistente, y que, por lo tanto,
la participación de todos es importante.
Este proceso requiere bastante
madurez espiritual, porque exige una disposición de escuchar
a los demás en lugar de tratar de persuadirlos que la opinión
de uno es lo mejor. También exige control de sí mismo. La repetición de la misma idea
por varios Amigos en varias formas no es lo que le da peso
a la idea. La junta busca discernir si lo propuesto
es correcto, y no si la mayoría está a su favor.
He aquí la razón
de por qué no votamos, y la razón que siempre permite
a una minoría obstaculizar la voluntad de la mayoría. Los
Amigos están dispuestos a sacrificar la ejecución
eficiente de sus decisiones en aras de la convicción que
la minoría puede tener la razón. Por eso uno de los mejores caminos a la voluntad divina es
esperar con paciencia hasta que la junta reciba la capacidad de
proceder en unión.
Además, en asuntos de gran
importancia, a menudo no se puede encontrar un consenso secular,
aunque fuera bueno buscarlo. Siempre
y cuando los Amigos están dispuestos a ceder en sus opiniones
tocante a un controversia, lo hacen porque tienen lealtad a una
verdad más alta, y no porque quieren ponerse de acuerdo
de todos modos para evitar conflictos. Hay quien pueda pensar que estos comentarios
breves sobre el proceso de acuerdos de los Amigos no tienen mucho
significado, por ser un simple proceso de concesiones mutuas vestido
en lenguaje religioso. Se
puede perdonar a los que así piensan, pero en la práctica
encontramos la prueba.
Muchos, muchos Amigos que no se
entregan al auto engaño darán testimonio de estas
cosas por propia experiencia. Cuando
surge un conflicto, cosa muy común, si rechazamos la tentación
de acuerdos mundanales y concesiones recíprocas (es decir,
de consenso) sentimos la dirección divina de modo inconfundible. En
la consideración aparecen nuevas posibilidades que
nadie había pensado antes. El aplazamiento y la demora tranquilizan
las mentes y ayudan en el proceso de llegar a una mente unida. Sobre
todo, los que albergan fuertes ideas contradictorias encuentran
que la disciplina de espera los une en forma misteriosa.
Con todo lo bello que sea el culto
no programado, lo practica sólo una minoría de los
Amigos del mundo. Sólo puede definir el cuaquerismo
excluyendo a la mayoría. Pero
no es así con el proceso de acuerdos, que se usa tanto en
juntas pastorales como en las no programadas y que tiene todos
los aspectos importantes del culto
“silente” si se practica correctamente. En
la sesión de acuerdos se encuentra verdaderamente el
proceso típico de discernimiento espiritual según los
Amigos; el culto silente es importante a los que lo practicamos porque
incorpora también este tipo de discernimiento. Además
el proceso de acuerdos es una fuerte base de nuestros lazos con nuestros
hermanos de la tradición programada.
Roberto Barclay les ha señalado a los Amigos la tierra fértil de la que brota la vida espiritual de nuestra comunidad. La sesión de acuerdos tiene un papel primordial en nuestra formación para escuchar a Dios. Es un ejemplo, una señal para el mundo de cómo podríamos todos vivir en espíritu de reconciliación. Cuando un individuo se siente llamado a un ministerio, este es el primer lugar donde lo presenta para ponerlo a prueba. El proceso nos enseña a oír el grano de verdad en las declaraciones de otros, a ver con ojo sencillo a través de todas las complicaciones y distracciones. Es la base de nuestro ministerio y nuestra vida común, y la fuente de nuestra unión.
Amigos,
os advierto y os exhorto en la presencia del Señor Dios,
morad en la medida que Dios os ha dado de sí mismo, en
la cual no hay conflicto, sino unión. Por eso, morad en esa medida, cada uno
de vosotros. Y os
hago esta advertencia: “No os gloriéis desmedidamente
[31]
”
sino morad en la verdad misma; para que con la medida del espíritu
del Dios viviente, podáis ser guiados a elevaros hacia Dios;
en la más mínima medida de ese espíritu, todos
tendréis unión. Y
así, cada uno de vosotros, júzguese a sí mismo,
porque el yo quiere dominar – cosa que es lo mismo que
ser condenado por la luz en la cual hay unidad.
[32]
¡Que
el Dios eterno de luz, y de vida, y de poder
sea con todos vosotros! Y alejaos de toda contienda, y por encima
de todo conflicto, quedaos en amor y unión
en todo lugar.
Y
amigos, el salirse de la vida hacia lo pasajero es la causa de
conflicto y confusión. —Jorge
Fox, 1655
[33]
Agradecemos a Brian Drayton, a Loida E. Fernández
G. y a Ramón González-Longoria E. su colaboración
en esta labor.
Traducción
de Principles of the
Quaker Business Meeting [Principios de la sesión de acuerdos cuáquera] por George Selleck, impreso
originalmente en inglés por Friends United Press, 1986;
reimpreso 2007 con permiso de Friends United Press.
©
Derechos de autor 1986, Friends United Press
Traducción
de Encounter
with Silence [Encuentro con el silencio] por John Punshon, impreso originalmente
en inglés por Friends United Press, 1987, reimpreso 2007
con permiso de Friends United Press y John Punshon.
©
Derechos de autor 1987, Friends United Press y John Punshon
Traducción
de los
extractos de Church Government [El Gobierno en la iglesia] impreso originalmente
en inglés por London Yearly Meeting, 1968, reimpreso 2007
con permiso de la Biblioteca de Britain Yearly Meeting.
©
Derechos de autor 1968, London/Britain Yearly Meeting
Foto en la cubierta: Varios Amigos en una consulta del CMCA, 2005. Cortesía de
Sharon
Gunther.
LA ASOCIACION DE AMIGOS
DE LOS AMIGOS
El programa de la Asociación de amigos de
los Amigos (AAA) es un ministerio de literatura que funciona
bajo los auspicios del Comité Mundial de Consulta de los
Amigos. A través
de nuestros envíos de lecturas, buscamos honrar las voces de Amigos de distintos entornos, idiomas
y tradiciones cuáqueras, e invitamos a todos a que entren
en una comunidad espiritual con los Amigos.
La Asociación fue fundada en
1936 por Rufus M. Jones, un cuáquero norteamericano, profesor,
activista y místico. Su propósito era el de proveer
un método para que las personas interesadas en las creencias
y prácticas de los cuáqueros pudieran mantenerse
en contacto con la Sociedad Religiosa de los Amigos, sin dejar
su propia religión, si la tuvieran. Hoy
en día, los Asociados de la AAA viven en más de
90 países, e incluyen a personas no-Amigos, buscadores,
Amigos que viven en circunstancias aisladas, y hasta miembros
y asistentes activos de juntas e iglesias de los Amigos. La Asociación no cobra ninguna
cuota de inscripción, sino que depende de los donativos
de sus lectores y la participación de otros interesados
para cubrir sus gastos.
La Asociación de amigos de los Amigos
un
programa de la Sección de las Américas
del
Comité Mundial de Consulta de los Amigos
Friends Center, 1506 Race Street, Philadelphia, PA 19102 USA
tel: 215. 241. 7293, fax: 215. 241. 7285
email: wqf@fwccamericas.org
website url: http://www.fwccamericas.org/about_us/programs/wqf_sp.shtml
[19]
Encounter
with Silence: Reflections from the Quaker Tradition, John Punshon,
Friends United Press, Richmond Indiana, 1987, p. 94-99.
[20]
He aquí un
ejemplo de la renuencia de los Amigos anglosajones de la rama no
programada de referirse directamente a Dios. La
frase de Punshon implica que los discípulos se reúnen
para esperar y recibir lo que el Espíritu les envía.
[21]
Punshon se dirige
aquí a cuáqueros de la tradición no programada
que tienen dificultad en reconocer la solidez del cuaquerismo de
la gran mayoría de cuáqueros en el mundo que adoran
en cultos programados. Sentimos
la necesidad de destacar la otra cara: que detrás de la manera de adoración
visible los domingos en un culto no programado o “silente” existe
la misma visión de una comunidad unida en Dios.
[22]
En la tradición no programada,
un Amigo liberado es un hermano que siente un llamado para ejercer
un ministerio, por quien la junta se hace responsable de los gastos
del ministerio e incluso los gastos de mantenimiento de su familia. Se
le libera así de esas responsabilidades terrenales que obstaculizarían
su obra.
[23]
1 Corintios 12:27,
Efesios 4:12
[24]
En la práctica
sí
hay juntas mensuales programadas que mantienen el silencio en
el centro de sus cultos programados (la traductora pertenece
a Smithfield, una junta de este tipo), pero también hay
otras que lo mantienen como una parte mínima del culto
o que no lo practican por completo.
[25]
tanto el programado
como el no programado
[26]
Véase la nota
anterior
[27]
Puesto que en nuestra
experiencia el silencio es sólo un método que se
usa con el propósito primordial de buscar la voluntad divina,
diríamos “Sin la disciplina colectiva de buscar la
voluntad de Dios”
[28]
Mateo 25:21
[29]
Cuando Barclay hizo hincapié en
que la iglesia empezó su organización porque necesitaba
cuidar a los pobres (Hechos 6:1-4) Véase
el octavo párrafo en este fragmento.
[30]
En este párrafo, nos parece que
Punshon salta de un punto a otro sin exponer todo su proceso lógico. Tratamos de expandirlo así: La raíz de la incomprensión
es que algunos no entienden que la sesión de acuerdos es
un proceso religioso enfocado en Dios. Los
arreglos para el cuidado pastoral tenían alta prioridad
en la iglesia primitiva inmediatamente después del Pentecostés. De
la misma manera en la primera etapa de la Sociedad de Amigos, arreglos
para ayudar a los hermanos que sufrían bajo persecución
eran uno de los motivos principales para organizarse en juntas
y decidir colectivamente. Por estas razones, la sesión de acuerdos cuáquera,
en la que se consideran arreglos para el cuidado pastoral y la
vida comunitaria, tiene una importancia clave en la vida espiritual
de la iglesia.
[31]
2 Corintios 10:13
[32]
Los traductores tuvieron
dificultad con esta oración y sugieren la siguiente glosa: “En la luz hay unidad. La dominación por el yo impide esa unidad,
y quedar excluido de esa unidad en la luz es precisamente la condenación.”
[33]
The Works of George Fox Volume VII: The Epistles Volume
I, New Foundation Publication, George Fox Fund, Inc., State College
PA, 1990. epistle XCIV, p. 101


