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J o r g e L u i s P e ñ a R e y e s
Dos mensajes a la Reunión Anual del Comité Mundial de Consulta de los Amigos, 18-22 de marzo de 2009
Una Vision para el Tiempo Señalado
Jan Wood, Junta Anual del Noroeste
El profeta Habacuc es antiguo—data de 600 años antes de Cristo—y es a la vez tan moderno como el momento actual. Es un hombre recto, un profeta que observa cómo carcomía su mundo en el alrededor suyo. Siente rabia y confusión: ¿por qué Dios parece dejar que lo/el malo pisotee a la gente buena? Los que laboran sin descanso con anhelos de la justicia y la paz quedan al parecer sin esperanzas, abrumados y abandonados. En la primera página del librito de Habacuc, Dios comparte que los babilonios, que vienen conquistando todo el mundo, van a avanzar de repente y vencer a Judea. El profeta es incrédulo; los versículos 12 y 13 del capítulo primero captan bien su sentimiento (según una traducción libre ).
Dios, ¿has elegido a los babilonios esos para rendir tu juicio?
Dios como Piedra, ¿a aquéllos tú les has dado la tarea de disciplinar?
¡No puede ser! ¿En serio?
Pero tú ¡si tú no eres capaz de aceptar la maldad!
¿Por qué no haces nada?
¿Por qué ahora te callas?
Es un escándalo ¡que los malos devoren a los buenos!
y tú: ¿nada más los miras?
Nosotros hoy sentimos un desaliento algo parecido al mirar la injusticia, la violencia y las mañas que se desfilan por los noticieros nuestros.
De modo que el profeta decide que tiene que tener una charlita de cara a cara con Dios. Sube la atalaya del muro de la ciudad para esperar que el Señor le conteste. Muy bien, Dios le llega y platican. Y Dios le dice que hay una visión que aunque parezca llegar lentamente, se realizará en su momento justo, al tiempo señalado.
Porque la verdad eterna es que
He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. 2:4
O según The Message*,
Mira a aquél, hinchado por creerse importante–lleno de sí pero vacío de alma.
Pero la persona parada bien con Dios por su fe leal y constante ha quedado viva y de veras vive.
Sigue Dios enseñando a Habacuc cómo es que funciona el mundo.
Los que se aprovechan del dinero ajeno con arrogancia terminan destruidos y saqueados.
Los que arman el destino y su dinastía por la maldad se hallaran condenados y los acusan hasta los edificios que han construido.
Los que construyen pueblos y naciones por medio de la violencia llegarán a la nada; serán cenizas.
Los que con parranda van enviciándose se hallarán encubiertos de vergüenza,
y los que crean dioses de su antojo y los adoran se hallarán de verdad huecos.
En el mes de marzo de 2009, esta verdad se está demostrando delante de nuestros ojos: vemos a los gigantes del mercado financiero, antes intocables, ya derrumbados en pocas horas. Los que han prosperado por la codicia y la violencia tienen que mendigar—piden caridad con su sombrero en mano. Hay gente que se glorificaba en vivir enviciándose sin freno, que se halla cicatrizada y vacía. Y todos sus dioses falsos de fabricación propia quedan mudos e impotentes. Pero al igual que el profeta antiguo, nuestra vida también no es inmune a las consecuencias de los pecados de otros. Los pecados de mi nación se derraman sobre las patrias de ustedes. El pecado de adorar al «mercado» como si fuera un dios todo sabio ha causado un temblor en nuestras vidas, tanto en las de los buenos como en las de los malos.
El pecado de relacionarse con el mundo con arrogancia, divisiones y violencia ha dejado una honda cicatriz en todas las naciones del mundo.
Sin embargo, en medio de la realidad nefasta—tanto para Habacuc como para nosotros—se encuentra este versículo maravilloso, el número 14:
Porque la tierra se llenará del conocer de la gloria de Dios como las aguas mismas llenan el mar.
¡Maravilla! ¿Hasta después de librarse del tiempo difícil? ¡No! Tampoco después que se haya acabado el mal. Sino mientras tanto, en medio de todo ello, se llena la tierra al conocer la gloria de Dios. He allí que se encuentra la visión para nuestros días.
El panorama que yo diviso es de las multitudes que se levantan de sus delirios, de su distracción y de sus divisiones, y que se forman en un pueblo poderoso que cubre la tierra como el agua llena el cauce del mar. Dejamos de definirnos el uno al otro por la teología o por la raza o por la cultura o el parecer político. Ya no nos dejamos abochornar o silenciar por las profundas tinieblas o las penas que nos rodean. Nos ponemos de pie y empezamos a formar un movimiento, juntos. Comenzamos a caminar juntos porque lo que tenemos en común es que confiamos nuestra vida y nuestros destinos a Dios, el Divino Espíritu. Andamos como hermanos porque ansiamos la misma sanidad, la reconciliación y la liberación que el Cristo de Galilea para nosotros soñó. Caminamos, actuamos, hablamos en el mismo espíritu santo como Él, cuyo nombre y carácter es el Amor. Daremos los regalos que tenemos para regalar. Nos alegraremos y recibiremos con confianza los regalos que darán otros. Nos permitimos entrar en el compás de la danza del respeto, de la interdependencia. No nos dejamos hurgar para ser presa de rezagada a causa de las diferencias. Al penetrar la separación, nos permitiremos ser formados y moldeados por el milagro de Pentecostés, que crea comprensión a pesar de la diversidad. Soltaremos nuestras armas de corrección violenta y de pretensión moralista, de religiosidad. Nos dejaremos quedar vulnerables y quietos ante nuestro Dios, que tanto nos ama y tanto ama a los desconocidos que nos acompañan. Llevare¬mos el corazón de Dios en todo lo que somos y en todo lo que hacemos—y lo viviremos robustamente en medio de tiempos de fragilidad. El mundo está roto. Esta es la hora de que seamos precisamente lo que siempre debíamos ser.
La visión para este momento señalado es un llamado a alzar la vista desde nuestras viditas y unirnos a reconocer la gloria de Dios, la que quiere extenderse con amor, compasión y merced por encima de este planeta descompuesto. Es hora de ensanchar la visión más allá de los grupos de parecer semejante para hacer causa común con todos los que vienen atraídos a la visión del amor de Dios. Es el momento de ser firmes y salir de nuestros reinitos personales de deseo y necesidad y confort familiar. Ya es hora de trascender nuestro dolor y nuestras heridas. Es hora para enfrentar nuestros miedos y poner manos al trabajo—¡adelante! Es la hora de dejar de esconderse detrás del sentimiento de rectitud propia, con tanta astucia elaborado, y caerse de cara ante el Creador. Hay que dejarnos ser rectificados en patrones de amor y reconciliación trasformadores. Ya es el momento. De veras no queda ni un momento por despilfarrar.
Estoy contenta de que me hayan invitado a hablarles aquí en la Reunión Anual de la Sección de las Américas del Comité Mundial, porque me parece que ustedes están en el meollo de esta visión. Estoy profundamente agradecida a cada uno de ustedes por sus años de fidelidad consistente. Ustedes han entrado en el fracturado mundo de los Amigos y han abierto un espacio donde gentes de toda especie cuáquera puedan conocerse de cara a cara y de corazón a corazón. Han construido puentes y puesto caminos para que Los Amigos en todo el mundo puedan hacer vínculos en la aventura de escuchar con respeto profundo.
Pero estoy consciente de que la tierra se mueve bajo sus pies. Los modos empleados para llevar a cabo su misión en tiempos pasados tal vez no sean los modos que se desarrollen en el futuro. Lo apretado de las finanzas es doloroso. Es un momento para aclarar con sensatez qué hace Dios ahora y descubrir modos nuevos para unirse con Él.
1. La visión sugiere un compromiso renovado de la responsabilidad personal.
• No aflijan a Dios; no vayan a partirle el corazón. Su Espíritu Santo, que mueve y respira dentro de ustedes,
• es la parte más íntima de su vida, que los hace aptos para Él. No den por sentado tal don.
• Corten de una vez con lo de críticas, las indirectas, el habla profana.
• Sean amables en el trato el uno con el otro, y sensibles, y perdónense mutuamente, rápida y completamente como Dios por el Cristo los perdonó (y sigue perdonándolos).
• Miren lo que hace Dios y hagan igual, como niños que aprenden a portarse mirando a los padres.
• Lo principal que les hace Dios es amarlos. Acompáñenlo y aprendan una vida de amor.
• Observen cuánto nos amó Cristo. No con un amor precavido sino con extravagancia.
• No amó para conseguir algo de nosotros sino para dar todo de sí para nosotros. Amen ustedes así.
Efesios 4:30–5:2• Los Amigos somos bastante buenos para dar amor a los de «allá fuera» en el mundo. Pero hemos hecho un pobre trabajo en ofrecer ese mismo amor a los hermanos de la familia cuáquera. A menudo hay severidad y riñas entre nosotros. Desde adentro del corazón de cada uno de nosotros brotan las semillas de separación que impiden que movamos juntos con ritmo y con gracia. Se reflejan en nuestras palabras descuidadas y nuestras expresiones no verbales. Arquear la ceja puede quitarle la reputación a un hermano o hermana tan ciertamente como un chorro de palabrerío. El tono de una palabra sencilla como decir «aquellos» puede formar un abismo difícil de cruzar. Nuestro temor erige defensas que nos tientan a la división. Al leer los escritos que dieron origen a los rompimientos entre los Amigos de los EE.UU., una y otra vez me ha llamado la atención que se lee:—tememos que… tal y cual. En verdad, el daño imaginado casi nunca se realizó, pero las divisiones entre los Amigos procedieron porque teníamos miedo de lo que pudiese desarrollar. Estamos llamados a amar—amar a todos, todo el tiempo, sin pensar en las consecuencias. Este es el camino del Cristo. Esto es el eje de la Sociedad Religiosa de Los Amigos. El Amor saca afuera el temor. Ese amor que arroja el miedo empieza con el compromiso de cada uno de los presentes en este salón.
• Si queremos ser un pueblo trasformador, que da Vida en un mundo frágil que se derrumba por todos lados, tendremos que dejar de jugar con nuestra fe. Tenemos que amar como si de ello depende la vida—que de veras así es. Para hacerlo bien, nos hacemos falta los unos a los otros. Todos tenemos dolores para sanar. Todos tenemos puntos ciegos. Todos tenemos luchas verdaderas para comprender lo que significa el amor en nuestra comprensión y en la teología.
A la vez ejercemos una fuerza inmensa en los hechos simples y palabras de cariño que hacen una diferencia. Recuerdo una vez que, charlando con una amiga, yo criticaba a otra mujer de mi iglesia, notando lo que creía yo eran sus limitaciones. En vez de ponerse de acuerdo con mi crítica, mi amiga me miró con amistad y me dijo algo al respecto:—Esto me sorprende porque yo la hallo cortés, lista para ayudar y llena de sabiduría.— Me chocó y también esa palabrita me cambió. Comencé a ver a la otra a través de estas palabritas: cortesía, ayuda, sabiduría. Y de pronto mi amiga tenía razón. Lo que habría podido ser un rompimiento en la junta cambió… y nació una nueva amistad que ha dado fruto. Palabras sencillas cambiaron el curso de mi vida y el curso de la historia de esa iglesia. La crítica, los juicios, el miedo dan vueltas a través de la vida todo el tiempo. Es una cosa bonita darse cuenta de cuántas maneras podemos cada uno interceptar esas fuerzas con palabras sencillas y expresiones de compasión que abren espacio para el amor y la comprensión. Muchas veces se puede ayudar a otro rebasar las dificultades superficiales para hallar el oro fino que yace dentro de cada uno. Tanta razón encuentro en las palabras de Guillermo Penn, que dijo: «El amor es la lección más difícil del cristianismo, pero por esa razón, deberá ser cuidado nuestro de aprenderlo bien.»
2. A partir del compromiso de amar nace el deseo de participar de curar y reconciliar.
• Muchos de ustedes conocen a David Niyonzima. Fue víctima de la violencia genocida en Burundi. Cuando hizo su viaje personal desde el terror al perdón y la reconciliación, se convenció que el genocidio de 1993 surgió porque jamás había curación de las violencias de las décadas anteriores. Se metió a sanar las raíces de la violencia por medio de su programa de Saneamiento y Reconciliación del Trauma (THARS por sus siglas en inglés): Sin curación la violencia, sea grande o pequeña, sea sutil o explícita, volverá.
• La mayoría de los Amigos en América viven con penas distintas de las de Burundi-–pero todavía estamos disminuidos por las heridas que no han sanado aún. Cuando pienso en el proceso de sanar, yo sé cuando se ha curado la herida porque no hay dolor prolongado y ya no la defiendo o protejo. Sé que estoy sanada cuando está restaurada la función de la parte herida. Puede haber una cicatriz pero no es más que un simple hecho del pasado—ya no es un dolor presente y controlador. Nosotros, Amigos, hemos adelantado más allá de las penas y divisiones—pero yo sé que no nos hemos sanado de verdad los cismas entre nuestros grupos. Veo los efectos de los dolores pasados que se viven cada día en maneras que perjudican nuestro testimonio y nos detienen de ser lo que Dios nos creó para ser. Nunca somos libres mientras tengamos que definirnos en contra de los «otros», por oposiciones.
• Creo que Dios llama a los Amigos en general y al Comité Mundial en particular que dé el paso a buscar la sabiduría de Dios acerca de las situaciones que están maduras para sanar.
• Me pregunto que si uno de los próximos pasos del CMCA no será escuchar los unos a los otros en misiones de curación. ¿Puede ser que nos hallemos llamados a tener más intención en el ministerio de reconciliación y sanación? ¿No habrá situaciones que están maduras para curación y en que el Comité Mundial está perfectamente ubicado para servir de agente fiel de esos pasos para adelante?
• Puedo imaginar que el CMCA alimente y libere docenas de iniciativas regionales para la reconciliación. Estoy bien consciente del poder que ha tenido la experiencia de las mujeres de la Junta Anual del Pacífico del Norte y las de la JA del Noroeste al reunirse y adorar juntas, dando y recibiendo de sí mismas recíprocamente. A veces estas oportunidades ocurren porque una de ustedes sencillamente invita a otra y entabla conversación. Algunas veces las Juntas organizan ratos de compartir, trabajando en conjunto en una comunidad. Y hay veces que hacemos el trabajo duro de acercarse a un llamado «enemigo» percibido con el corazón tierno, y nos abrimos a lo que sea que el Espíritu nos dé a hacer.
• Exactamente como comprendemos la práctica maravillosa de mantener con oraciones un espacio abierto para la Reunión de Adoración, creo que ayudaría muy profundamente si alguien mantuviera un espacio para sanar. Me pregunto: tal presencia del Espíritu entre los Amigos ¿no será el CMCA? Tengo la visión de un Comité Mundial como el cubo de la rueda, relleno de gracia y colmado de ideas que llevan el fruto de curación. Hasta imagino un presupuesto magro que se transformara desde los programas y personal hasta hacerse un fondo amplio para dar subvenciones para liberar proyectos que surjan para sanar en la fe.
• Si pudiéramos encontrar un camino para vivir realizando el saneamiento y la restauración de relación entre los Amigos, entonces podríamos ser un testimonio enorme al mundo. Nuestros organismos a lo mejor quedarían como instituciones diversas y separadas, pero si limpiáramos el alma de su toxina, podríamos bailar la danza de amor y mutualidad. Si supiéramos por experiencia el milagro de restaurar y transformar, adelantaríamos con autenticidad como constructores de la Paz para el mundo. Si uniéramos los brazos para cantar el canto de la re-creación, el corazón de Dios se engrandecería por todo el mundo.
• La época es tan oscura como los días de Habacuc, pero la visión para nuestro tiempo señalado es tan emocionante como siempre, e igualmente tan posible. Porque de verdad, en medio de la lucha, la naturaleza de Dios nos llama a un maravilloso océano de amor y luz que realmente nos baña y encubre el océano de tinieblas y desesperanza.
• Y en medio de la pena y oscuridad, la tierra se llena al conocer el amor y la gloria de Dios redentor.
• Yo quiero ser parte de esta visión. Igualmente—sospecho—todos lo queremos ser.
La Visión Invisible de Dios
Jorge Luis Peña Reyes, Junta Anual de Cuba
Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad. Hechos 8:4–8
La cantidad por encima de la calidad le ha parecido al hombre un indicador de eficacia en sus empresas. Por ello sospecho que las palabras son inventos de Dios, pero los números son cosa nuestra.
En Samaria prosperaba el evangelio, la gente estaba feliz con lo que Dios hacía a través de Felipe en un sitio que anteriormente era inmundo para los judíos. No obstante, Dios hizo valer su Visión incomprensible ante la mirada del hombre y envió a Felipe a predicar en un lugar desierto.
No se le ocurriría al Comité Mundial de Consulta de los Amigos, ni al Comité de los Amigos Latinoamericanos, mucho menos a la Alianza Ministerial de Amigos en Norte América, sacar a Felipe de Samaria para que predicara en el desierto por donde luego pasaría un eunuco. Nuestra visión limitada invisibiliza la visión de Dios.
Acaso había más gozo en el cielo por un nuevo convertido de África que por todas las juntas mensuales y anuales de Samaria.
Dios sigue siendo fiel a las minorías: su visión siempre parte de lo mínimo, de lo improbable, de lo que nadie cree bueno, y el propósito siempre es y será alcanzar a las naciones.
Acaso ¿no fue esa la experiencia del éxodo israelita? El hallazgo de un Dios vivo también entre el polvo y la sed de los caminantes.
¿Cuál era la visión de Dios para ese largo peregrinaje a través del desierto?
No era precisamente la llegada a la tierra de donde fluiría leche y miel. Ese es otro límite nuestro. Dios ve el camino como meta. Él pudo escoger una ruta más corta, mas era necesario el trascurrir del tiempo para que aquella multitud, dura de cerviz, entendiera el verdadero propósito de Dios.
Era tan reducido el horizonte y la estima del pueblo esclavo en Egipto que preferían continuar recogiendo restrojos para fabricar ladrillos, antes que aventurarse con Dios en el camino.
Caminar hacia una nueva visión requiere por tanto: tiempo, esfuerzo, y sobre todo fe.
Deberíamos alejarnos de la idea de la crisis para concentrarnos en el crecimiento que ha de enfrentar la comunidad cuáquera internacional.
Deberíamos no atender demasiado a la crisis para desplegar lo que hasta aquí hemos creado.
La iglesia sobrevive hasta hoy porque nace, crece y se desarrolla en medio de las crisis.
La fe tiene que prevalecer sobre las provisiones.
La visión no depende de la provisión, la provisión es una herramienta de la visión y no al revés.
Un sabio dijo: Si tus sueños dependen del dinero, entonces tus sueños son demasiado baratos.
Lo más importante no es si recibimos la visión de Dios, es integrarnos a la visión que parte de él y que es mundial, inter-denominacional y trascendente en cuanto al conocimiento de la verdad.
Una visión sin recurso ni fe, es una ilusión.
Una visión donde sólo nos sentimos útiles nosotros, es una falsa pretensión.
Una visión amarrada a la provisión es una visión a medias.
Dios nos sorprende cada día con su visión. En ella le ha parecido bien utilizarnos.
Debemos abrirnos con fe para entenderla, porque sigue llegando desde las minorías y no es muy fácil transferírsela a los pueblos. De ahí la importancia de estos encuentros, de la comunicación y el intercambio entre diversas visiones que parten de la diferentes tradiciones cuáqueras.
También hoy la visión como en tiempos de Felipe ha de alcanzar a los esparcidos, a los pueblos donde florece el evangelio, pero también a los del desierto sin descuidar jamás el equipamiento a los Felipes de hoy.
No nos desgastemos tratando de descubrir cual es la voluntad de Dios para luego actuar. Alguien dijo que la voluntad de Dios es hacer buenas obras, de la mejor manera por buenos motivos y en el tiempo oportuno.
No son tiempos de quietismo, son tiempos de esparcir la semilla.
Esa es la visión hoy, desde hoy, para hoy.
Impreso 2009 con el permiso de los autores por La Asociación de Amigos de los Amigos,
un programa del Comité Mundial de Consulta de los Amigos, Friends Center, 1506 Race Street, Philadelphia, PA 19102 USA
tel: 215.241.7250, correo electrónico: wqf@fwccamericas.org
Sobre los Autores
Jan Wood, Ministro Reconocido, es la Directora de Good News Associates (Asociados de las Buenas Nuevas) en Seattle, Washington. Es conferencista, escritora, directora espiritual y consultora. Es un deleite para ella el ayudar a individuos, iglesias o juntas, y otras organizaciones a alcanzar mayor poder en su fidelidad. Es autora de Christians at Work (Los cristianos trabajando), Not Business as Usual (Los asuntos no como de costumbre); y coautora de Practicing Discernment Together—Finding God’s Way Forward in Decision Making (Cómo practicar juntos el discernimiento—buscar el camino de Dios en la toma de decisiones). Se puede comunicar con ella a la www.goodnewsassoc.org.
Jorge Luis Peña Reyes es miembro de la Iglesia de los Amigos Cuáqueros en Cuba. Es actualmente Presidente de la Comisión de evangelismo de la Junta Anual de Cuba y líder en su iglesia local de Puerto Padre. Fue presidente Nacional de Jóvenes por dos años y Presidente del Grupo Interdenominacional de Cristianos Universitarios de la provincia de Las Tunas, mientras estudiaba para ser profesor de Biología. Es escritor; realizó la edición de la Antología de poesía de inspiración cristiana contemporánea en Cuba, Como el fuego que está siempre, que verá la luz próximamente. Actualmente, Jorge Luis es el Secretario Presidente del Comité de Amigos Latinoamericanos (COAL), un programa del CMCA.
L A A S O C I A C I O N D E A M I G O S D E L O S A M I G O S
El programa de la Asociación de amigos de los Amigos (AAA) es un ministerio de literatura que funciona bajo los auspicios del Comité Mundial de Consulta de los Amigos. A través de nuestros envíos de lecturas, buscamos honrar las voces de Amigos de distintos entornos, idiomas y tradiciones cuáqueras, e invitamos a todos a que entren en una comunidad espiritual con los Amigos.
La Asociación fue fundada en 1936 por Rufus M. Jones, un cuáquero norteamericano, profesor, activista y místico. Su propósito era el de proveer un método para que las personas interesadas en las creencias y prácticas de los cuáqueros pudieran mantenerse en contacto con la Sociedad Religiosa de los Amigos, sin dejar su propia religión, si la tuvieran. Hoy en día, los Asociados de la AAA viven en más de 90 países, e incluyen a personas no-Amigos, buscadores, Amigos que viven en circunstancias aisladas, y hasta miembros y asistentes activos de juntas e Iglesias de los Amigos. La Asociación no cobra ninguna cuota de inscripción, sino que depende de los donativos de sus lectores y la participación de otros interesados para cubrir sus gastos.


